Por: Rocío Zamanillo Campos
Saint-Exupéry, el autor francés
de Le petit princep fue aviador y en 1935, tras un viaje de casi 20 horas de
vuelo tuvo un aterrizaje forzoso en el desierto del Sahara. Su equipo trataba
de volar desde París a Saigón en un tiempo récord por un premio de 150.000
francos, pero no le salió bien. Quedaron a expensas de uvas, naranjas y vino,
por lo que tras la deshidratación pasaron a experimentar alucinaciones hasta
que un beduino en camello les salvó la vida.
Fue esa experiencia la que dio
como fruto el conocido cuento publicado el 6 de Abril de 1943.
El Principito es un niño que vive
en un pequeño planeta con tres volcanes, una rosa y donde crecen continuamente
baobabs.
“El asteroide B612 solo fue visto una vez por un astrónomo turco en
1909, pero nadie le creyó por la ropa que llevaba en su ponencia en el Congreso
Internacional de Astronomía.”
En el asteroide B612 crecen continuamente
baobabs. Éstos simbolizan los problemas que nunca redimen y exigen estar
atentos a si crecen baobabs o otra cosa, es decir, aprender a diferenciar lo
que son problemas en realidad de los que no y actuar en consecuencia. Los
volcanes deben ser deshollinados día a día, como nuestras tareas comunes,
recordándonos la importancia de la disciplina y sus frutos.
Y la rosa…la rosa es una flor,
pero diferente a todas las que conocía el principito. La rosa no es una flor
cualquiera, es su amor, es magnífica entre otras muchas, es única en su “planeta”,
aunque esté llena de imperfecciones porque es frágil, hay que cuidarla,
mimarla, estar siempre atento, además es orgullosa, vanidosa, egoísta y
mentirosa. Aún así, es su flor…y la responsable de la huida del principito por
crearle confusión con su forma de hacer o decir las cosas.
“¡No supe comprender nada entonces! Debí juzgarla por sus actos y no
por sus palabras. ¡La flor perfumaba e iluminaba mi vida y jamás debí huir de
allí! ¡No supe adivinar la ternura que ocultaban sus pobres astucias! ¡Son tan
contradictorias las flores! Pero yo era demasiado joven para saber amarla"
Un día, cansado de los reclamos
de su rosa, el principito aprovecha la migración de unos pájaros para emprender
un viaje. Así visita 6 planetas, cada uno de ellos habitado por un personaje,
cuyas personalidades ponen en evidencia la estupidez de la edad adulta cuando
dejamos de recordarnos como los niños que fuimos.
§ El rey es sinónimo de autoridad, pero lo que nos
quiere decir la experiencia del encuentro, es que no tienes por qué hacer caso
a nadie, nadie tiene autoridad sobre ti por muy rey que sea. La última voluntad
de hacer o no hacer algo es cosa de uno mismo. La autoridad de alguien dura lo
que aguanta la sumisión de otros. También puede representar la
"Ambición de Poder", pero de alguna manera es un poder racional, ya
que ordena hacer cosas que obviamente se harían de cualquier modo.
§ El vanidoso representa el egoísmo del hombre, encarna el deseo de reconocimiento y
admiración social. Este personaje nos recuerda que la apariencia no es lo importante,
no sirve para nada si estás solo, la vanidad es un defecto que todos tenemos,
queremos ser más y sentir que somos mejores, y como dice el principito “¿para qué te sirve?”
§ El borracho simboliza la falta de fuerza de
voluntad y superación humana. El círculo cerrado en el que se encuentra este
personaje es una ventana a cómo un problema nos puede llevar a un callejón sin
salida si no ponemos suficiente empeño en superarlo.
§ El hombre de negocios representa la avaricia y la ambición económica que poseemos. El personaje se encuentra siempre
ocupado contando las estrellas que piensa poseer; planea utilizarlas para
comprar más estrellas, sin tiempo para sí ni para nadie, esclavo del trabajo,
no disfruta de las cosas, no vive.
—¿Y qué haces con esas estrellas? —¿Que qué hago con
ellas?
—Sí.
—Nada. Las poseo.
—¿Que las estrellas son tuyas?
—Sí.
—Yo he visto un rey que...
—Los reyes no poseen nada... Reinan. Es muy
diferente.
—¿Y de qué te sirve poseer las estrellas?
—Me sirve para ser rico.
—¿Y de qué te sirve ser rico?
—Me sirve para comprar más estrellas si alguien las
descubre.
"Este, se dijo a sí mismo el principito, razona
poco más o menos como mi borracho".
No obstante le siguió preguntando:
—¿Y cómo es posible poseer estrellas?
—¿De quién son las estrellas? —contestó punzante el
hombre de negocios.
—No sé. . . De nadie.
—Entonces son mías, puesto que he sido el primero a
quien se le ha ocurrido la idea.
—¿Y eso basta?
—Naturalmente. Si te encuentras un diamante que
nadie reclama, el diamante es tuyo. Si encontraras una isla que a nadie pertenece,
la isla es tuya. Si eres el primero en tener una idea y la haces patentar,
nadie puede aprovecharla: es tuya. Las estrellas son mías, puesto que nadie,
antes que
yo, ha pensado en poseerlas.
—Eso es verdad —dijo el principito— ¿y qué haces con
ellas?
—Las administro. Las cuento y las recuento una y
otra vez —contestó el hombre de negocios—.
Es algo difícil. ¡Pero yo soy un hombre serio!
El principito no quedó del todo satisfecho.
—Si yo tengo una bufanda, puedo ponérmela al cuello
y llevármela. Si soy dueño de una flor,
puedo cortarla y llevármela también. ¡Pero tú no
puedes llevarte las estrellas!
—Pero puedo colocarlas en un banco.
—¿Qué
quiere decir eso?
…………
—Yo —dijo aún— tengo una flor a la que riego todos
los días; poseo tres volcanes a los que deshollino todas las semanas, pues
también me ocupo del que está extinguido; nunca se sabe lo que puede ocurrir. Es útil, pues, para mis volcanes y
para mi flor que yo las posea. Pero tú, tú no eres nada útil para las estrellas...
§ El farolero hace lo que debe, encender un farol
cuando empieza la noche y apagarlo cuando comienza el día, se gana el respeto y
la amistad del principito precisamente por eso, pero la realidad es que su
compromiso y lealtad lo llevan a una situación absurda en la que enciende y apaga
el farol cada minuto, que es lo que dura un día en su planeta. Sin tiempo para
nada más, su "mundo" es muy pequeño. En realidad este adulto no
difiere de los demás, y nos muestra como hacer lo que uno debe nos puede quitar
la posibilidad de hacer lo que uno realmente quiere. También podría decirse que
representa la lealtad y la responsabilidad, es el único personaje de
alma positiva que conoce el principito en su viaje (aparte del aviador, claro).
"Este hombre, quizás, es absurdo. Sin embargo,
es menos absurdo que el rey, el vanidoso, el hombre de negocios y el bebedor.
Su trabajo, al menos, tiene sentido. Cuando enciende su farol, es igual que si
hiciera nacer una estrella más o una flor y cuando lo apaga hace dormir a la
flor o a la estrella. Es una ocupación muy bonita y por ser bonita es
verdaderamente útil"
§ El geógrafo, personaje sabio, inteligente y
estudioso, pasa todo el tiempo encerrado en su gabinete elaborando mapas, pero jamás
deja su escritorio para explorar. Interesado en las cosas eternas invariables,
no como las "flores", su mundo es mayor que el de los otros, por una
vida más plena dedicada al conocimiento, pero cometiendo el error de no
experimentar por sí mismo lo que puede ofrecerle esto. Este personaje le aporta
al principito la idea de que puede que su "Rosa" ya no esté cuando él
decida regresar. La idea de lo "efímero" trastoca a nuestro
personaje. También representaría la pasión laboral que lo aísla del mundo.
El Principito viaja también al
planeta Tierra, recomendado por el geógrafo.
“Los
hombres ocupan muy poco lugar sobre la Tierra. Si los dos mil millones de
habitantes que la pueblan se pusieran de pie y un poco apretados, como en un
mitin, cabrían fácilmente en una plaza de veinte millas de largo por veinte de
ancho. La humanidad podría amontonarse sobre el más pequeño islote del Pacífico.
Las personas mayores no les creerán, seguramente, pues siempre se imaginan que
ocupan mucho sitio. Se creen importantes como los baobabs. Les dirán, pues, que
hagan el cálculo; eso les gustará ya que adoran las cifras. Pero no es
necesario que pierdan el tiempo inútilmente, puesto que tienen confianza en mí.”
Una vez en la Tierra, el principito encuentra
toda una hilera de rosales:
“Y
se sintió muy desgraciado. Su flor le había dicho que era la única de su
especie en todo el universo. Y ahora tenía ante sus ojos más de cinco mil todas
semejantes, en un solo jardín! Si ella viese todo esto, se decía el principito,
se sentiría vejada, tosería muchísimo y simularía morir para escapar al ridículo.
Y yo tendría que fingirle cuidados, pues sería capaz de dejarse morir
verdaderamente para humillarme a mí también...”
Entonces aparece un zorro quien le muestra la esencia
de las relaciones humanas:
“—Efectivamente, verás —dijo el zorro—. Tú no eres
para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no
te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más
que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas,
entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el
mundo, yo seré para ti único en el mundo...
—Por favor... domestícame —le dijo.
—¿Qué debo hacer? —preguntó el principito.
—Debes tener mucha paciencia —respondió el zorro—.
Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré
con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos
entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...
De esta manera el principito domesticó
al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:
—Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única
en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto. El
principito se fue a ver las rosas a las que dijo:
—No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie
las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era
antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi
amigo y ahora es único en el mundo.
Las rosas se sentían molestas oyendo al principito,
que continuó diciéndoles:
—Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la
vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa
es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas,
porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal,
porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y
es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta
callarse. Porque es mi rosa, en fin.
Y aquí un capítulo
para pensar el tiempo:
—¡Buenos días! —dijo el principito.
—¡Buenos
días! —respondió el comerciante.
Era
un comerciante de píldoras perfeccionadas que quitan la sed. Se toma una por
semana y ya no se sienten ganas de beber.
—¿Por
qué vendes eso? —preguntó el principito.
—Porque
con esto se economiza mucho tiempo. Según el cálculo hecho por los expertos, se
ahorran cincuenta y tres minutos por semana.
—¿Y
qué se hace con esos cincuenta y tres minutos?
—Lo
que cada uno quiere... "
"Si
yo dispusiera de cincuenta y tres minutos —pensó el principito— caminaría
suavemente hacia una fuente..."
Finalmente el principito parece haber
aprovechado bien su viaje:
—Los hombres de tu tierra —dijo el principito—
cultivan cinco mil rosas en un jardín y no encuentran lo que buscan.
—No lo encuentran nunca —le respondí. —Y sin
embargo, lo que buscan podrían encontrarlo en una sola rosa o en un poco de
agua...
—Sin duda, respondí. Y el principito añadió:
—Pero los ojos son ciegos. Hay que buscar con el
corazón.
El 26 de Abril de este año se
encontraron páginas inéditas del libro que contienen variaciones de los capítulos
17 y 19.