miércoles, 17 de octubre de 2012

Los alimentos transgénicos, el potosí del siglo XXI


Por: Rocío Zamanillo Campos

Simultáneamente a la fiebre de la plata y el oro que se iniciaron con las colonizaciones y masacres de América latina hace varios siglos, también hubo una fiebre del azúcar de caña, el cacao, el algodón y el caucho que llevó al arrasamiento de bosques y empobrecimiento de las tierras que antes eran ricas y destinadas al cultivo de  abastecimiento, suficiente y enriquecedor para sus poblaciones y sus tierras.
La avaricia europea llevó a utilizar a las gentes latinas para el monocultivo extensivo y avasallador de sus propias tierras, llevándolos a la quiebra, pues el auge del negocio azucarero no duró mucho tiempo, dejando un desierto infértil que aún hoy no se ha recuperado.

Es precisamente en esa parte del planeta Tierra dónde se encuentran las regiones con un índice mayor de subnutrición y en cuyas plantaciones subsisten todavía prisiones privadas; pero los responsables de los asesinatos por subalimentación-dice René Dumont- no son encerrados en ellas, pues son los mismos que tienen las llaves.
De aquellos tiempos coloniales nace la costumbre, todavía vigente, de comer tierra. La falta de hierro provoca anemia; el instinto empuja a los niños a compensar con tierra las sales minerales que no encuentran en su comida habitual, que se reduce a la harina de mandioca, los frijoles y, con suerte, el tasajo (trozo de carne macerada y seca). Antiguamente, se castigaba este vicio poniéndoles bozales a los niños o colgándolos dentro de cestas de mimbre a larga distancia del suelo.

  
En la actualidad, la agroindustria, que ha creado hambre y enfermedades de igual forma, está contribuyendo al mayor acaparamiento desde los tiempos de Colón –comentario adaptado de Vandana Shiva, luchadora India ecofeminista que recibió el premio nobel alternativo en 1993. De hecho, a fecha de hoy, existen datos de cómo el capital financiero de bancos de inversión, petrodólares de algunos estados o cuentas corrientes de grandes empresas agroalimentarias están haciéndose con las mejores tierras fértiles que se sitúan una vez más en el Sur Global.

El acaparamiento de tierras también incluye la invención por parte de líderes políticos y especuladores de los mercados mundiales de cualquier estrategia alimentaria (entre ellas el fomento del cultivo y comercialización de semillas transgénicas) a costa de dejar a poblaciones enteras sin lo más elemental de nuestras vidas, los alimentos que tomamos y con ellos, nuestra supervivencia –comentario adaptado de Rosa Regàs, escritora.
En definitivas cuentas, se repite de una forma subliminal y más sofisticada, la invasión de territorios. Bajo la máscara de los alimentos transgénicos tan admirados por algunas comunidades científicas se esconde el monstruo de las semillas transgénicas suicidas, programadas para nacer una sola vez haciendo que su descendencia sea estéril. De esta forma los mercados mundiales se están apropiando de tierras ajenas, sometiendo de nuevo a sus campesinos a cultivar algo que no conocen a cambio de un salario insuficiente para comprar apenas algo de comida que ni siquiera pueden cultivar y que para pagar el precio de su importación deben destinar hasta el 80% de sus ingresos. El objetivo de esta expropiación es cultivar a gran escala cereales transgénicos infructíferos para importar a sus países nórdicos y alimentar un ganado insalubre o destinar a la generación de agrocombustibles, por miedo a las amenazas del petróleo en extinción. Teniendo en cuenta que de las semillas se derivan todos los nutrientes que fisiológicamente necesitan todos los animales de la Tierra incluidos los humanos, llegamos al hecho ya real de que el monopolio agroalimentario (solo 10 multinacionales controlan el 70% del mercado mundial de semillas) tiene en sus manos y cada vez más la decisión de qué, cómo, cuándo y quiénes comerán o por lo contrario morirán.

Una vez dicho esto podemos introducir el concepto de soberanía alimentaria. Introducido por la Vía Campesina en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de la FAO de 1996 responde al derecho de cada nación a mantener y desarrollar su capacidad de producir alimentos básicos, en lo concerniente a la diversidad cultural y productiva. La soberanía alimentaria pues implica devolver el control de los recursos naturales, como la tierra, el agua y las semillas a las comunidades y a las y los campesinos y luchar contra la privatización de la vida. Si entendemos esto, podemos deducir fácilmente que patentar las plantas, los animales y/o sus componentes supone claramente la pérdida del control sobre los recursos que usan y conocen los campesinos. Y precisamente, la incorporación de los alimentos transgénicos al mundo actual, promovido esencialmente por una ciencia especuladora controlada por los mercados, pretende esencialmente patentar semillas. Con la excusa de estar aportándole un valor añadido de origen biotecnológico a una semilla, se consigue patentar por ejemplo arroz dorado, maíz Bt11, DAS1507, NK603, DAS59122, GA21, MON 810, NK 603, MON 863, MON88017, T25, MON89034, MIR604, patata EH92-527-1, soja MON89788, MON40-3-2, MON87701, 356043, A2704-12, A5547-127, remolacha H7-1, colza GT73, MS8, RF3, T45 y algodón MON1445, MON15985, MON531, LLCotton25, GHB614, 281-24-236x3006-210-23, por tan solo tres empresas a nivel mundial, Monsanto, Bayer y Pionner. De esta manera, la ciencia pasa a perseguir fines lucrativos de unos pocos en contraposición a su definición histórica de ampliación del conocimiento en sí mismo y aplicación práctica en beneficio de todos los seres humanos. Si Monsanto y sus colegas hubieran hecho sus propuestas en la Edad Media irían directos a la hoguera. Y si remontamos a la memoria histórica religiosa, la Inquisición sería una buena comparativa a lo que actualmente suponen el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio (OMC). Curiosamente, los precios del trigo, la soja, el arroz y el maíz subieron en un 130%, 87%, 74% y 31% respectivamente en 2008 según el Índice de Precios de los Alimentos de la FAO. En ese mismo año se puso de moda comer tortitas de barro con sal en Haití.


Dijeron que los transgénicos paliarian el hambre mundial y el libre comercio permitiría el acceso por parte de toda la población, pero aún produciendo comida para 12000 millones de personas y siendo 7000 millones en el planeta Tierra, 1000 millones pasan hambre. Se ve claramente cómo los transgénicos es justo lo que necesitaban los grandes para poder hacerse con el control absoluto de todas las vidas humanas, es la nueva herramienta descubierta, tras la lanza y la bomba atómica, llegó el Potosí del siglo XXI.

ELIGE LAS MANZANAS DEL VECINO, EL PESCADO DE TU PUERTO Y COMPÁRTELO

lunes, 15 de octubre de 2012

Hoy como antes

Por: Aida Bañuelos García- Castellano


En 1954 había 411 trabajadores —hombres y mujeres— ocupados en el mercado de trabajo alemán. En 1959, un año anterior al Acuerdo sobre Migración, contratación y colocación de trabajadores españoles entre el gobierno de Adenauer en la República Federal Alemana y la Dictadura de Franco, su número ascendía a 9454. En marzo de 1961, tras la firma del acuerdo el 29 de abril de 1960, eran 38.371. La cifra alcanzaba el máximo en 1971 con 186.585 personas ocupadas. Antes de la firma del tratado existía ya un flujo creciente de trabajadores dirigido al mercado de trabajo alemán, que el tratado intentó controlar y organizar sin conseguirlo del todo. A partir de esta firma el proceso de emigración iba a ser estimulado además por ambas partes tanto de forma oficial como privada, como era el caso de las empresas. Con esta emigración comenzaba un proceso de integración de trabajadores y trabajadoras en el mercado de trabajo alemán, en gran medida rotatorio más que definitivo. Francisco Sánchez López señalaba que entre 1960 y 1967 un 77,3% de los italianos, un 58,7% de los griegos 67,3% de los emigrantes españoles en Alemania habían vuelto a sus países de origen.
La emigración laboral a Alemania fue percibida por los distintos actores de forma diferente. Para el Ministerio de Trabajo Federal, que organizó comisiones y funcionarios que reclutaban mano de obra en Italia, Grecia o España, el principal argumento esgrimido era el “agotamiento de las reservas de mano de obra” en Alemania y las bajas tasas de paro, como señalaba el ministro de economía y posterior canciller Ludwig Erhard. Argumentos similares aparecían en el órgano oficial de la principal organización empresarial en Alemania —Bundesvereinigung der Deutschen Arbeitgeberverbände— a mediados de los sesenta. Para el Ministerio de Trabajo en España la emigración era una pieza más del engranaje económico del desarrollismo y de la política exterior de los años sesenta. En el contexto de “luces” de aquel desarrollismo era una sombra, que no fue observada como tal por los responsables del Ministerio de Trabajo de la Dictadura. En 1963, Manuel Alonso Olea, Director General de Empleo del Ministerio de Trabajo, señalaba en un artículo: “España no se puede permitir el riesgo de paros forzosos masivos. En tal sentido cualquier solución es buena —incluida la de la emigración—, no ya para la comunidad sino para el propio emigrante…La emigración es un mal menor frente al infinitamente mayor del paro forzoso. (…) Otro beneficio de la emigración: Aquí (en Alemania) los salarios son superiores a los españoles”. (Artículo Mujeres españolas emigrantes y mercado laboral en Alemania, 1960-1975, Gloria Sanz Lafuente)
De esta época, se han visto recientemente en televisión algunos de los reportajes franquistas, en los que españoles y alemanes intercambiaban productos de la tierra juntos a la misma mesa, o cómo, en fechas señaladas, artistas como Marisol eran enviados para alegrar las fiestas a los emigrados, fiestas a las que acudían los autóctonos del lugar, para disfrutar al son de nuestra chararanga y pandereta. Los videos se emitían durante el nodo para invitar a la población a marcharse. Pero a diferencia de lo que veían las familias de los que estaban fuera, los españoles sufrían las vejaciones propias del emigrante, eran obligados a vivir en especies de barracas al lado de las fábricas, separados entre hombres y mujeres, sin calefacción, con horas y horas de trabajo en las que se destrozaban las manos y la salud. Hoy la realidad del emigrante no es así, pero tampoco es fácil, miles de personas, salen de sus países en busca de “El sueño americano” o el sueño alemán, y la mayoría lo hace prácticamente con una mano delante y otra detrás. Solo en entre el 2010 y 2011 la población de Berlín aumento en 41.000 personas, y todo debido a las tácticas de falsa publicidad que bien aprendimos en el franquismo. Otra vez se nos invita a emigrar. La emigración no le cuesta al país porque se quita de parados, de lastres, y se alimenta de los ingresos que se envían de vuelta.  Son abundantes la cantidad de programas realizados al propósito de invitar al ciudadano a irse. Españoles en el mundo, Madrileños por el mundo, callejeros viajeros, son programas hechos al propósito de invitar a emigrar, donde vemos como familias felices “comparten y celebran con los lugareños”, además de emisiones concretas como la que “Versión española” le dedicó al documental “El tren de la memoria” (Marta Arribas y Ana Pérez) Tras la emisión del cual, se desencadenó un debate cínico, en el que nada malo fue dicho de las experiencias de la inmigración/emigración, ni los invitados, ni la presentadora, ni la directora del documental hicieron hincapié en algún aspecto negativo, ni siquiera el más evidente como es el del racismo, e incluso se hizo una bonita edición de video, en la que inmigrantes en España comentaban la maravillas de este país, de sus ciudades y sus ciudadanos, como si nunca hubieran oído comentarios vejatorios al estilo de los que sufrieron los españoles en Alemania en los años 60, o los que sufren hoy en día. Pues el exceso de emigración ha provocado el rechazo a los que “les quitan el trabajo” o ¿no estábamos y estamos artos de oír nosotros también eso, aquí mismo? Seguro que alguno incluso también se esmera en decirlo, pero no vamos a seguir por aquí. También el telediario (cualquiera de ellos) manipula en este sentido, como cuando se dijo que Merkel pedía trabajadores especializados, ingenieros etc, para trabajar en Alemania. El día que me enteré, estaba en Alemania, donde no se había oído nada, y después de buscar durante días en los periódicos y de escuchar la radio, solo encontré dos tristes comentarios (en Internet) en los que se explicaba que en determinados sectores reducidos, se pedían trabajadores especializados de los países en crisis. Si se seguía leyendo, se entendía que para nada esto era un, “venid que aquí hay sitio”, estos trabajadores, debían tener un alto nivel del idioma y eran requeridos como he dicho para cosas muy puntuales. En concreto se ponía un ejemplo muy “cutre” por lo particular, un ingeniero español que había sido contratado por una empresa alemana, para un trabajo puntual, durante un tiempo predeterminado. A parte de esto, nada. Todo alemán al que le preguntaba por el comentario del que no paraba de hablarse en España, era incapaz de creérselo. En ese momento y como sigue sucediendo hasta hoy, los jóvenes alemanes tenían dificultades para encontrar trabajo, por lo que se hacía imposible pensar que su líder buscase gente de fuera a la que colocar en puestos de trabajo. Seguro que incluso hoy en día ninguno ha oído hablar de esta necesidad de encontrar trabajadores españoles para sus empresas, pero aquí sigue todavía, hoy en día oyéndose tal cosa. Dichos programas siguen transmitiendo la falsa idea de que en la emigración está la solución. Y ni está ni deja de estar, me refiero para el ciudadano. Para el gobierno sigue siendo mejor que estén fuera mandando dinero que dentro aumentando las listas del paro, pero para las personas que deciden marcharse, emigrar nunca ha sido fácil, ni lo es ni lo será y el que se marcha debe de tener en cuenta, que en los países a los que llega, dentro del marco europeo, también hay crisis y también tienen un porcentaje de paro, aunque sea más bajo, así que, lo más probable es que nos requieran para que ocupemos puestos para los cuales estamos sobre cualificados, y como ya he visto en repetidas ocasiones, para pagarnos menos y explotarnos a base de “mini Jobs”. Pero sin duda no debemos pensar que estamos mejor preparados que los ciudadanos de los países a los que emigramos, o que tenemos estudios concretos específicos superiores a los suyos. La opinión que se tiene fuera, de la educación en España es que es tercermundista, sin medios y con una estructura penosa. Y si esto lo pensaban antes, no se que pensarán ahora.
Y es que, hasta las excusas que se utilizan en esta publicidad engañosa del maravilloso mundo del emigrante son las mismas que en los años 60. La falta de mano de obra, los altos salarios, y hasta alguna nueva como que tenemos ingenieros mucho mejor preparados en según que ámbitos. Pero ¿nadie recuerda ya aquello que se decía cuando todavía éramos un país de acogida de que, los propios gobiernos de países pobres incitaban a sus ciudadanos a marcharse? Y, ¿no es lo mismo lo que estamos haciendo ahora?
No quiero con esto echar para atrás a los que quieran buscarse la vida fuera, oportunidades hay, pero seamos realistas y no nos dejemos influenciar por la televisión, que está pensada solo para la mera manipulación de nuestras mentes, hoy, igual que en los años sesenta.

El documental “El tren de la memoria” es sin embargo aconsejable. Sobretodo para el que quiera irse a buscarse la vida fuera. Insisto en que no quiero decir que la cosa hoy tenga comparación, pero si hay algo que sí la tiene, es el sentimiento de emigrante, de no ser igual, de ser menos y tener menos derechos. Aunque no sea así por ley.
http://www.youtube.com/watch?v=dhTJ2FuLU-s

Hay que arrimar el hombro!


¿Quién es Blancanieves?

Por: Aida Bañuelos García Castellano
 
Resulta asombroso, si nos paramos a pensar, la cantidad de películas recientes que emulan el tradicional cuento de Blancanieves. Este hecho, aparentemente casual, que pretende refugiarse en la excusa de la moda vintage, posee realmente un trasfondo mucho más oscuro y trágico que una chica hermosa, de labios rojos, piel blanca y ropa de segunda mano.
La historia comienza en 1812, cuando los hermanos Grimm publican su primera colección de cuentos populares “Kinder und Hausmärchen”. Corría el año 1812 y Napoleón que había galopado a sus anchas por Europa hasta la frontera con Rusia, se enfrentaba en una serie de batallas contra este imperio, para empezar una guerra que más adelante perdería. Los hermanos Grimm, mucho antes de publicar este libro, habían sufrido una fuerte decadencia económica sobrevenida a causa de la muerte de su padre en 1796. Este hecho, que mas tarde constituiría el mismo pretexto argumental de los cuentos de Blancanieves o Cenicienta, les marcó durante muchos años, y les obligó a trabajar muy duro para recuperar su estatus. Quizá pudieran parecer ambas cosas sin importancia para esta historia, pero como en todo cuento el mensaje se encuentra más allá de la superficie, y en Blancanieves no es necesario profundizar demasiado para comprender que la importancia de esta historia, radica más en la guerra, el hambre, y la crisis que en algo naif como el amor o la búsqueda del príncipe azul.


Parece ser que la situación de crisis actual, ha hecho que aparezcan como setas en otoño, las reinterpretaciones de este cuento, y esto, hace inevitable mirar hacia atrás para observar con asombro, que dicha narración es recurrente en la historia precisamente en momentos de depresión económica. Sin ir más lejos la obra maestra de Walt Disney, Blancanieves y los siete enanitos (1937), se estrenó en E.E.U.U. en plena gran depresión, pero no fue la única, una versión con Betty Boop se estrenó en 1933. Incluso la primera adaptación cinematográfica (1916) de Searle Dawley se estrenó en plena primera guerra mundial. Pero entonces, ¿Qué quiere decirnos el cuento? ¿quién es en verdad Blancanieves?.

Estaba terminando el invierno, la Reina paseaba por el jardín de palacio cuando por accidente al ir a coger una rosa, su dedo se pinchó y las gotas de sangre que brotaron cayeron al suelo cubierto de un manto blanco. Fue entonces cuando ésta pidió un deseo. Deseó tener una hija, de piel blanca como la nieve, pelo negro azabache y labios rojos como la sangre. Han pasado muchos años ya desde que se escribiera este cuento, y muchas reinterpretaciones y versiones diferentes se han hecho desde entonces sobre la historia de la joven Blancanieves, pero incluso las versiones actuales, han respetado la importancia y recalcado la belleza de una piel blanca, es más, pudiendo haber sido adaptado el cuento de Cenicienta para expresar la situación actual, parece ser Blancanieves la favorita de estas épocas de depresión y represión, lo cual es bastante preocupante, pues no son pocos los profesionales del mundo de la política, que han recurrido y recurren, en estos tiempos, a infundar miedo hacia el otro, hacia el intruso de un país extraño que nos quita el trabajo. Otro aspecto importante son las tres muertes y resurrecciones de la protagonista, las cuales son analizadas por Mircea Eliade como pensamientos ilusorios de reinicios de vida, que dice reafirman la idea religiosa  de un posible “final feliz”. Estos finales felices son muy bien acogidos en épocas de decadencia, ya que la masa parece padecer más bien del mal con el que los Grimm deciden terminar con la malvada madrastra; y es que éste es sin duda el más cruel de los finales que se han dado, el cual pudiera haber sido versionado por miedo a que el espectador se sintiera más identificado con la madrastra, que con la chica. Una vez Blancanieves resucita con el beso de su amado, se prometen amor eterno y se piden en matrimonio, es ahí cuando la bruja vuelve a preguntar al espejo: espejo mágico, dime una cosa ¿quién es en este reino la más hermosa? y el espejo responde: ¡Blancanieves es sin duda la mas bella! La madrastra enfadada se presenta en la boda, la joven que la reconoce, asustada, se lo dice al príncipe, quién manda forjar unos zapatos de hierro que obligan a la madrastra a ponerse al rojo vivo y luego a bailar con ellos hasta la muerte.
Desde que se escribiera la Biblia, se ha tratado de hacer infundir en la clase trabajadora la idea de que si, consigue llevar una vida de sacrificio y duro trabajo, al final de todo obtendrá una recompensa. Pero, ¿no es más probable qué nos llegue antes la muerte por agotamiento y dolor, que una vida nueva con final feliz? ¿No somos todos nosotros los que con zapatos de hierro candente bailamos al son de un mercado esclavizador?.
En 1986 Bartels, publicó un estudio en el que proponía que dicho cuento pudiera estar basado en la vida de Maria Sophia Margaretha Catherina von Erthal, nacida en Lohr am Main en 1729, cuya historia tiene semejanzas evidentes con Blancanieves, como el hecho de que la madrastra fuera una mujer dominante o que el castillo de Lohr tenga un espejo en cuyo marco están escritas muchas historias, lo que parece ser que se entendiera entonces como que el espejo hablase; o el hecho de que cerca de la zona (la cual no estaba lejos de la ciudad de los hermanos Grimm) hubiera una mina. De esta mina se dice que los trabajadores bien pudieran ser niños envejecidos y/u hombres que debido a lo forzado del trabajo no hubieran alcanzado una estatura normal y estuvieran muy demacrados. Sobra recalcar el paralelismo con ciertas insurrecciones actuales por parte de este mismo sector de la población, y la trivialización que supone, no solo hacia estos, sino a todas las clases trabajadoras, su representación como enanitos dulces y felices a pesar del duro trabajo.
Finalmente, uno de los pasajes más interesantes y sin el cual no tendría sentido esta epidemia, es el clásico momento de la manzana. Todo el mundo sabe como es: La bruja disfrazada de anciana, le ofrece a la joven una manzana roja, preciosa y suculenta. Blancanieves la muerde y cae al suelo aparentemente muerta. La conjugación mujer y manzana es fácilmente asociable con la historia Bíblica del pecado de Eva, más cuando la mujer sufre a consecuencia de comer esta fruta, “roja”. El pecado de la carne, la menstruación de la mujer, … . La relación sea consciente o inconsciente se hace inevitable, para recordarnos que si estamos sufriendo, es únicamente por nuestra culpa. O dicho en palabras de actualidad: “tenemos que pagar por nuestros excesos del pasado”.

¿Quién es entonces Blancanieves? Blancanieves no es más que una noble adinerada venida a menos, como nobles y adinerados éramos los ciudadanos de los países europeos hasta el momento en el que lo perdimos todo. Por eso, la mejor de las versiones actuales, es sin duda la que nos cuentan cada día, en la que nos amedrenta una maléfica Merkel, y esperamos al Charming Banco Central Europeo a que venga a salvarnos. Una vez más el gran capital vuelve a utilizar “la cultura” como herramienta para imponer una conciencia esclavista, manteniendo a la población en un magnífico sueño, en un pensamiento ilusorio que le obligue a sacrificarse por un bien mayor, que le empuje a “arrimar el hombro”, a esperar eternamente algo que nunca llegará, mientras ajeno a la realidad sigue manteniendo a esa clase noble a la que admira y aspira. Porque esto sigue siendo una lucha de clases, lo llamemos como lo llamemos, Blancanieves es esa parte de la población que fluctúa hacia arriba y hacia abajo, es la clase media, a la que en determinados momentos le permiten acercarse al estado de bien estar para crearle la ilusión de que todo está a su alcance si sigue trabajando. Pero cuando cree tocar la riqueza con sus dedos, se le acusa de osadía y despilfarro y se le obliga a bajar a la clase trabajadora a la que en realidad nunca a dejado de pertenecer. Este proceso, es un circulo vicioso un eterno retorno, que se llama capitalismo.
Como decía al principio, este cuento es una historia escrita entre líneas, en ella se encuentran las tres clases sociales, la clase baja, media y la nobleza, pero el cuento no pretende en absoluto ser realista, lo que trata es de convencernos de que alguna vez subiremos para quedarnos, y por eso Blancanieves es la perfecta historia para contar en crisis, pues con su matrimonio, nos sumerge un poco mas en la idea de que algún día tendremos un final feliz.