lunes, 15 de octubre de 2012

Hoy como antes

Por: Aida Bañuelos García- Castellano


En 1954 había 411 trabajadores —hombres y mujeres— ocupados en el mercado de trabajo alemán. En 1959, un año anterior al Acuerdo sobre Migración, contratación y colocación de trabajadores españoles entre el gobierno de Adenauer en la República Federal Alemana y la Dictadura de Franco, su número ascendía a 9454. En marzo de 1961, tras la firma del acuerdo el 29 de abril de 1960, eran 38.371. La cifra alcanzaba el máximo en 1971 con 186.585 personas ocupadas. Antes de la firma del tratado existía ya un flujo creciente de trabajadores dirigido al mercado de trabajo alemán, que el tratado intentó controlar y organizar sin conseguirlo del todo. A partir de esta firma el proceso de emigración iba a ser estimulado además por ambas partes tanto de forma oficial como privada, como era el caso de las empresas. Con esta emigración comenzaba un proceso de integración de trabajadores y trabajadoras en el mercado de trabajo alemán, en gran medida rotatorio más que definitivo. Francisco Sánchez López señalaba que entre 1960 y 1967 un 77,3% de los italianos, un 58,7% de los griegos 67,3% de los emigrantes españoles en Alemania habían vuelto a sus países de origen.
La emigración laboral a Alemania fue percibida por los distintos actores de forma diferente. Para el Ministerio de Trabajo Federal, que organizó comisiones y funcionarios que reclutaban mano de obra en Italia, Grecia o España, el principal argumento esgrimido era el “agotamiento de las reservas de mano de obra” en Alemania y las bajas tasas de paro, como señalaba el ministro de economía y posterior canciller Ludwig Erhard. Argumentos similares aparecían en el órgano oficial de la principal organización empresarial en Alemania —Bundesvereinigung der Deutschen Arbeitgeberverbände— a mediados de los sesenta. Para el Ministerio de Trabajo en España la emigración era una pieza más del engranaje económico del desarrollismo y de la política exterior de los años sesenta. En el contexto de “luces” de aquel desarrollismo era una sombra, que no fue observada como tal por los responsables del Ministerio de Trabajo de la Dictadura. En 1963, Manuel Alonso Olea, Director General de Empleo del Ministerio de Trabajo, señalaba en un artículo: “España no se puede permitir el riesgo de paros forzosos masivos. En tal sentido cualquier solución es buena —incluida la de la emigración—, no ya para la comunidad sino para el propio emigrante…La emigración es un mal menor frente al infinitamente mayor del paro forzoso. (…) Otro beneficio de la emigración: Aquí (en Alemania) los salarios son superiores a los españoles”. (Artículo Mujeres españolas emigrantes y mercado laboral en Alemania, 1960-1975, Gloria Sanz Lafuente)
De esta época, se han visto recientemente en televisión algunos de los reportajes franquistas, en los que españoles y alemanes intercambiaban productos de la tierra juntos a la misma mesa, o cómo, en fechas señaladas, artistas como Marisol eran enviados para alegrar las fiestas a los emigrados, fiestas a las que acudían los autóctonos del lugar, para disfrutar al son de nuestra chararanga y pandereta. Los videos se emitían durante el nodo para invitar a la población a marcharse. Pero a diferencia de lo que veían las familias de los que estaban fuera, los españoles sufrían las vejaciones propias del emigrante, eran obligados a vivir en especies de barracas al lado de las fábricas, separados entre hombres y mujeres, sin calefacción, con horas y horas de trabajo en las que se destrozaban las manos y la salud. Hoy la realidad del emigrante no es así, pero tampoco es fácil, miles de personas, salen de sus países en busca de “El sueño americano” o el sueño alemán, y la mayoría lo hace prácticamente con una mano delante y otra detrás. Solo en entre el 2010 y 2011 la población de Berlín aumento en 41.000 personas, y todo debido a las tácticas de falsa publicidad que bien aprendimos en el franquismo. Otra vez se nos invita a emigrar. La emigración no le cuesta al país porque se quita de parados, de lastres, y se alimenta de los ingresos que se envían de vuelta.  Son abundantes la cantidad de programas realizados al propósito de invitar al ciudadano a irse. Españoles en el mundo, Madrileños por el mundo, callejeros viajeros, son programas hechos al propósito de invitar a emigrar, donde vemos como familias felices “comparten y celebran con los lugareños”, además de emisiones concretas como la que “Versión española” le dedicó al documental “El tren de la memoria” (Marta Arribas y Ana Pérez) Tras la emisión del cual, se desencadenó un debate cínico, en el que nada malo fue dicho de las experiencias de la inmigración/emigración, ni los invitados, ni la presentadora, ni la directora del documental hicieron hincapié en algún aspecto negativo, ni siquiera el más evidente como es el del racismo, e incluso se hizo una bonita edición de video, en la que inmigrantes en España comentaban la maravillas de este país, de sus ciudades y sus ciudadanos, como si nunca hubieran oído comentarios vejatorios al estilo de los que sufrieron los españoles en Alemania en los años 60, o los que sufren hoy en día. Pues el exceso de emigración ha provocado el rechazo a los que “les quitan el trabajo” o ¿no estábamos y estamos artos de oír nosotros también eso, aquí mismo? Seguro que alguno incluso también se esmera en decirlo, pero no vamos a seguir por aquí. También el telediario (cualquiera de ellos) manipula en este sentido, como cuando se dijo que Merkel pedía trabajadores especializados, ingenieros etc, para trabajar en Alemania. El día que me enteré, estaba en Alemania, donde no se había oído nada, y después de buscar durante días en los periódicos y de escuchar la radio, solo encontré dos tristes comentarios (en Internet) en los que se explicaba que en determinados sectores reducidos, se pedían trabajadores especializados de los países en crisis. Si se seguía leyendo, se entendía que para nada esto era un, “venid que aquí hay sitio”, estos trabajadores, debían tener un alto nivel del idioma y eran requeridos como he dicho para cosas muy puntuales. En concreto se ponía un ejemplo muy “cutre” por lo particular, un ingeniero español que había sido contratado por una empresa alemana, para un trabajo puntual, durante un tiempo predeterminado. A parte de esto, nada. Todo alemán al que le preguntaba por el comentario del que no paraba de hablarse en España, era incapaz de creérselo. En ese momento y como sigue sucediendo hasta hoy, los jóvenes alemanes tenían dificultades para encontrar trabajo, por lo que se hacía imposible pensar que su líder buscase gente de fuera a la que colocar en puestos de trabajo. Seguro que incluso hoy en día ninguno ha oído hablar de esta necesidad de encontrar trabajadores españoles para sus empresas, pero aquí sigue todavía, hoy en día oyéndose tal cosa. Dichos programas siguen transmitiendo la falsa idea de que en la emigración está la solución. Y ni está ni deja de estar, me refiero para el ciudadano. Para el gobierno sigue siendo mejor que estén fuera mandando dinero que dentro aumentando las listas del paro, pero para las personas que deciden marcharse, emigrar nunca ha sido fácil, ni lo es ni lo será y el que se marcha debe de tener en cuenta, que en los países a los que llega, dentro del marco europeo, también hay crisis y también tienen un porcentaje de paro, aunque sea más bajo, así que, lo más probable es que nos requieran para que ocupemos puestos para los cuales estamos sobre cualificados, y como ya he visto en repetidas ocasiones, para pagarnos menos y explotarnos a base de “mini Jobs”. Pero sin duda no debemos pensar que estamos mejor preparados que los ciudadanos de los países a los que emigramos, o que tenemos estudios concretos específicos superiores a los suyos. La opinión que se tiene fuera, de la educación en España es que es tercermundista, sin medios y con una estructura penosa. Y si esto lo pensaban antes, no se que pensarán ahora.
Y es que, hasta las excusas que se utilizan en esta publicidad engañosa del maravilloso mundo del emigrante son las mismas que en los años 60. La falta de mano de obra, los altos salarios, y hasta alguna nueva como que tenemos ingenieros mucho mejor preparados en según que ámbitos. Pero ¿nadie recuerda ya aquello que se decía cuando todavía éramos un país de acogida de que, los propios gobiernos de países pobres incitaban a sus ciudadanos a marcharse? Y, ¿no es lo mismo lo que estamos haciendo ahora?
No quiero con esto echar para atrás a los que quieran buscarse la vida fuera, oportunidades hay, pero seamos realistas y no nos dejemos influenciar por la televisión, que está pensada solo para la mera manipulación de nuestras mentes, hoy, igual que en los años sesenta.

El documental “El tren de la memoria” es sin embargo aconsejable. Sobretodo para el que quiera irse a buscarse la vida fuera. Insisto en que no quiero decir que la cosa hoy tenga comparación, pero si hay algo que sí la tiene, es el sentimiento de emigrante, de no ser igual, de ser menos y tener menos derechos. Aunque no sea así por ley.
http://www.youtube.com/watch?v=dhTJ2FuLU-s

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