En 1954 había 411 trabajadores
—hombres y mujeres— ocupados en el mercado de trabajo alemán. En 1959, un año
anterior al Acuerdo sobre Migración, contratación y colocación de
trabajadores españoles entre el gobierno de Adenauer en la República
Federal Alemana y la Dictadura de Franco, su número ascendía a 9454. En marzo
de 1961, tras la firma del acuerdo el 29 de abril de 1960, eran 38.371. La
cifra alcanzaba el máximo en 1971 con 186.585 personas ocupadas. Antes de la
firma del tratado existía ya un flujo creciente de trabajadores dirigido al
mercado de trabajo alemán, que el tratado intentó controlar y organizar sin
conseguirlo del todo. A partir de esta firma el proceso de emigración iba a ser
estimulado además por ambas partes tanto de forma oficial como privada, como
era el caso de las empresas. Con esta emigración comenzaba un proceso de
integración de trabajadores y trabajadoras en el mercado de trabajo alemán, en
gran medida rotatorio más que definitivo. Francisco
Sánchez López señalaba que entre 1960 y 1967 un 77,3% de los italianos, un
58,7% de los griegos 67,3% de los emigrantes españoles en Alemania habían
vuelto a sus países de origen.
La emigración laboral a Alemania
fue percibida por los distintos actores de forma diferente. Para el Ministerio
de Trabajo Federal, que organizó comisiones y funcionarios que reclutaban
mano de obra en Italia, Grecia o España, el principal argumento esgrimido era
el “agotamiento de las reservas de mano de obra” en Alemania y las bajas
tasas de paro, como señalaba el ministro de economía y posterior
canciller Ludwig Erhard. Argumentos similares aparecían en el órgano oficial de
la principal organización empresarial en Alemania —Bundesvereinigung der
Deutschen Arbeitgeberverbände— a mediados de los sesenta. Para el
Ministerio de Trabajo en España la emigración era una pieza más del engranaje
económico del desarrollismo y de la política exterior de los años sesenta. En
el contexto de “luces” de aquel desarrollismo era una sombra, que no fue
observada como tal por los responsables del Ministerio de Trabajo de la
Dictadura. En 1963, Manuel Alonso Olea, Director General de Empleo del Ministerio
de Trabajo, señalaba en un artículo: “España no se puede permitir el riesgo
de paros forzosos masivos. En tal sentido
cualquier solución es buena —incluida la de la emigración—, no ya para la
comunidad sino para el propio emigrante…La
emigración es un mal menor frente al infinitamente
mayor del paro forzoso. (…) Otro beneficio de la
emigración: Aquí (en Alemania) los salarios son
superiores a los españoles”. (Artículo Mujeres españolas
emigrantes y mercado laboral en Alemania, 1960-1975, Gloria Sanz Lafuente)
De esta época, se han
visto recientemente en televisión algunos de los reportajes franquistas, en los
que españoles y alemanes intercambiaban productos de la tierra juntos a la
misma mesa, o cómo, en fechas señaladas, artistas como Marisol eran enviados
para alegrar las fiestas a los emigrados, fiestas a las que acudían los
autóctonos del lugar, para disfrutar al son de nuestra chararanga y pandereta. Los
videos se emitían durante el nodo para invitar a la población a marcharse. Pero
a diferencia de lo que veían las familias de los que estaban fuera, los
españoles sufrían las vejaciones propias del emigrante, eran obligados a vivir
en especies de barracas al lado de las fábricas, separados entre hombres y
mujeres, sin calefacción, con horas y horas de trabajo en las que se
destrozaban las manos y la salud. Hoy la realidad del emigrante no es así, pero
tampoco es fácil, miles de personas, salen de sus países en busca de “El sueño
americano” o el sueño alemán, y la mayoría lo hace prácticamente con una mano
delante y otra detrás. Solo en entre el 2010 y 2011 la población de Berlín
aumento en 41.000 personas, y todo debido a las tácticas de falsa publicidad
que bien aprendimos en el franquismo. Otra vez se nos invita a emigrar. La
emigración no le cuesta al país porque se quita de parados, de lastres, y se
alimenta de los ingresos que se envían de vuelta. Son abundantes la cantidad de programas realizados al
propósito de invitar al ciudadano a irse. Españoles en el mundo, Madrileños por
el mundo, callejeros viajeros, son programas hechos al propósito de invitar a
emigrar, donde vemos como familias felices “comparten y celebran con los
lugareños”, además de emisiones concretas como la que “Versión española” le
dedicó al documental “El tren de la memoria” (Marta Arribas y Ana Pérez) Tras
la emisión del cual, se desencadenó un debate cínico, en el que nada malo fue
dicho de las experiencias de la inmigración/emigración, ni los invitados, ni la
presentadora, ni la directora del documental hicieron hincapié en algún aspecto
negativo, ni siquiera el más evidente como es el del racismo, e incluso se hizo
una bonita edición de video, en la que inmigrantes en España comentaban la
maravillas de este país, de sus ciudades y sus ciudadanos, como si nunca
hubieran oído comentarios vejatorios al estilo de los que sufrieron los españoles
en Alemania en los años 60, o los que sufren hoy en día. Pues el exceso de
emigración ha provocado el rechazo a los que “les quitan el trabajo” o ¿no
estábamos y estamos artos de oír nosotros también eso, aquí mismo? Seguro que
alguno incluso también se esmera en decirlo, pero no vamos a seguir por aquí. También
el telediario (cualquiera de ellos) manipula en este sentido, como cuando se
dijo que Merkel pedía trabajadores especializados, ingenieros etc, para
trabajar en Alemania. El día que me enteré, estaba en Alemania, donde no se
había oído nada, y después de buscar durante días en los periódicos y de
escuchar la radio, solo encontré dos tristes comentarios (en Internet) en los
que se explicaba que en determinados sectores reducidos, se pedían trabajadores
especializados de los países en crisis. Si se seguía leyendo, se entendía que
para nada esto era un, “venid que aquí hay sitio”, estos trabajadores, debían
tener un alto nivel del idioma y eran requeridos como he dicho para cosas muy
puntuales. En concreto se ponía un ejemplo muy “cutre” por lo particular, un
ingeniero español que había sido contratado por una empresa alemana, para un
trabajo puntual, durante un tiempo predeterminado. A parte de esto, nada. Todo
alemán al que le preguntaba por el comentario del que no paraba de hablarse en España,
era incapaz de creérselo. En ese momento y como sigue sucediendo hasta hoy, los
jóvenes alemanes tenían dificultades para encontrar trabajo, por lo que se
hacía imposible pensar que su líder buscase gente de fuera a la que colocar en
puestos de trabajo. Seguro que incluso hoy en día ninguno ha oído hablar de
esta necesidad de encontrar trabajadores españoles para sus empresas, pero aquí
sigue todavía, hoy en día oyéndose tal cosa. Dichos programas siguen
transmitiendo la falsa idea de que en la emigración está la solución. Y ni está
ni deja de estar, me refiero para el ciudadano. Para el gobierno sigue siendo
mejor que estén fuera mandando dinero que dentro aumentando las listas del
paro, pero para las personas que deciden marcharse, emigrar nunca ha sido
fácil, ni lo es ni lo será y el que se marcha debe de tener en cuenta, que en
los países a los que llega, dentro del marco europeo, también hay crisis y
también tienen un porcentaje de paro, aunque sea más bajo, así que, lo más probable
es que nos requieran para que ocupemos puestos para los cuales estamos sobre
cualificados, y como ya he visto en repetidas ocasiones, para pagarnos menos y
explotarnos a base de “mini Jobs”. Pero sin duda no debemos pensar que estamos
mejor preparados que los ciudadanos de los países a los que emigramos, o que
tenemos estudios concretos específicos superiores a los suyos. La opinión que
se tiene fuera, de la educación en España es que es tercermundista, sin medios
y con una estructura penosa. Y si esto lo pensaban antes, no se que pensarán
ahora.
Y es que, hasta las
excusas que se utilizan en esta publicidad engañosa del maravilloso mundo del
emigrante son las mismas que en los años 60. La falta de mano de obra, los
altos salarios, y hasta alguna nueva como que tenemos ingenieros mucho mejor
preparados en según que ámbitos. Pero ¿nadie recuerda ya aquello que se decía
cuando todavía éramos un país de acogida de que, los propios gobiernos de
países pobres incitaban a sus ciudadanos a marcharse? Y, ¿no es lo mismo lo que
estamos haciendo ahora?
No quiero con esto echar
para atrás a los que quieran buscarse la vida fuera, oportunidades hay, pero seamos
realistas y no nos dejemos influenciar por la televisión, que está pensada solo
para la mera manipulación de nuestras mentes, hoy, igual que en los años
sesenta.
El documental “El tren de
la memoria” es sin embargo aconsejable. Sobretodo para el que quiera irse a
buscarse la vida fuera. Insisto en que no quiero decir que la cosa hoy tenga
comparación, pero si hay algo que sí la tiene, es el sentimiento de emigrante,
de no ser igual, de ser menos y tener menos derechos. Aunque no sea así por
ley.
http://www.youtube.com/watch?v=dhTJ2FuLU-s

No hay comentarios:
Publicar un comentario